Tras el impacto de un asteroide de dieciséis kilómetros de ancho sobre la Tierra, se produjo una sexta extinción masiva, poniendo fin a la civilización humana tal como la conocemos. La vida que quedaba sufriría un impacto sin precedentes… pues dentro del núcleo del meteorito se encontraba un ser primordial y regenerativo, de mil millones de años de antigüedad, conocido como Primus.
Y pronto Primus lo transformaría todo, convirtiéndolo en algo jamás visto: desde bestias hasta edificios, desde la mosca hasta el cielo, nació una Nación Alienígena.
Incluso los minerales que yacían bajo tierra se desplomaron por el meteorito. El cobre se fundió con el oro, al igual que el terbio y el cerio, elevándose como un fénix en forma de criaturas fantásticas, grandes y pequeñas, cuya armadura metálica era realmente deslumbrante. Pero ninguna más que Pyrexia… la de los dioses, los dioses de las tierras raras. Contempla su deslumbrante despliegue de cobre, oro, índigo metálico y escarlata arremolinado. ¿Existe acaso una pieza de fantasía más hermosa? Probablemente no.